RamiroSeguro que todos ustedes conocen a Ramiro, el entrañable dueño de Pancho, aquel precisoso y simpático perrito al que hace ya unos cuantos años le tocó la primitiva.

Pues bien, la evolución de Ramiro desde entonces ha sido francamente nefasta.

Inversamente proporcional a la suerte del lúcido Pancho. No ha podido superar el trágico abandono de su (hasta entonces) fiel mascota que ha probado las deliciosas mieles de un mundo mejor, alejado de la sumisión y lealtad sin límites impuesta por su condición supuestamente natural de mascota doméstica.

En su último spot publicitario, Ramiro aparece como un ser completamente alienado del mundo, alejado de la sociedad y casi de sí mismo y completamente enajenado asumiendo un estado cada vez más preocupante de estupor delírica obsesiva. Juzguen ustedes mismos:

Esperemos que el bueno de Ramiro, paradigma del ciudadano maduro de los tiempos modernos, abandone el lado oscuro y consiga regresar al buen camino y recuperar la cordura.

Qué lejos queda ahora la inocencia, la ternura y sobretodo, esa mirada llena de honestidad de aquel primer spot desesperado. Un canto de amor al cielo.

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