Teoria CuerdasLas leyes del universo y el método científico convencional (empírico) tienen su base - a grandes rasgos (nótese la aclaración) en Newton y en las leyes que este científico describió con increíble exactitud sobre el funcionamiento de la naturaleza. Mira, es lo que tiene que se te caiga una manzana en el cabolo…

De hecho, la grandeza de la conocidísima teoría de la gravedad (todas las cosas se atraen entre sí y lo gordo atrae a lo pequeñuelo desde su centro gravitatorio) por la cuál, entre otras cosas, se explica el movimiento de los cuerpos en las órbitas celestes (que no es moco de pavo) reside en el hecho de que por primera vez se demuestra que las leyes en el universo son únicas. Es decir, aúnan el cielo y la Tierra, o si se prefiere, lo terrenal con lo divino.

Más tarde llegó ese hombre con pinta de Doctor Frankeinstein que llegó a ser todo un científico super-star y que no sólo ratificó las leyes de Newton sino que además las amplió y las dotó de una explicación exacta sobre su funcionamiento que te cagabas en los pantalones. Esto es la teoría general de la relatividad. Einstein pudo explicar con milimétrica exactitud de qué manera funcionaba la fuerza de la gravedad gracias a su cuarta dimensión (temporal) y la curvatura que ejercían sobre ésta los cuerpos celestes al desplazarse por el espacio. Todo un coco, sí señor.

En fin, a lo que vamos, el hecho es que hasta ahora más o menos todo podía tener una explicación según la física convencional. Digo “más o menos”, porque no es menos cierto que desde el principio había unos cuantos cabos sueltos que no acababan de cuadrar para la ciencia, como por ejemplo, conseguir una teoría que diera una explicación convincente del origen del cosmos (como la archifamosa “teoría del Big-Bang” defendida por Hawking), los enigmáticos agujeros negros, el funcionamiento del cerebro, etc.

Uno de los casos que más quebraderos de cabeza daba a la comunidad científica y quizá el más paradójico de todos era el de la propia fuerza de la gravedad, pues tenía una rareza difícilmente explicable: si la gravedad es una fuerza tan extraordinaria que funciona sobre el Sol, sobre la Tierra y sobre todos los cuerpos con masa del universo, ¿cómo es posible que podamos levantar una piedra del suelo con el brazo? ¿La fuerza que ejerce nuestro escuálido bíceps es superior a la de la omnipotente gravedad? Pues por lo visto, los científicos determinaban que sí señor que así era, pero se hacían la picha un lío que no veas y eran incapaces de aportar una solución a este dilema…

Otro caso, que llegó incluso a hacer dudar al mismísimo Einstein de su deslumbrante y aclamada teoría fue el del matemático Kurt Gödel que fue capaz de describir el equivalente matemático a la “paradoja del mentiroso”. En otras palabras, desarrolló un teorema matemático cuyo resultado demostraba que el teorema era indemostrable. Es decir, era como poner en evidencia las mismísimas matemáticas, por supuesto, algo totalmente impensable y difícil de concebir incluso por los matemáticos de hoy. Este hecho, aplicado a la teoría de la relatividad, conseguía relativizarla considerablemente…

De todas formas, dejando colgando estos pequeños flecos, hasta hace bien poco la comunidad científica estaba convencidísima que todas estas cosillas acabarían teniendo una explicación razonable y racional para todos y que sólo era cuestión de tiempo…. Hasta hace bien poco.

Hete aquí por donde que en la medida en que se estudiaba el macrocosmos los científicos, que son gente muy curiosa, también estudiaban el microcosmos y parecía que todo iba la mar de bien hasta que se llegó a una cosa llamada átomo, que en un primer momento, se creyó que era la partícula más pequeña que podría encontrarse en la materia. La sorpresa vino cuando se pudo ver de qué narices estaba compuesto el átomo y descubrieron que estaba formado por un núcleo y unas cosas raras que giraban alrededor de éste. Más tarde a estos nuevos descubrimientos les dieron nombre y los bautizaron como neutrones, protones y electrones. El hecho es que para estupefacción del personal, estas partículas no parecían seguír las leyes de la gravedad, ni de la relatividad, ni de ná de ná. Es decir, los protones, neutrones y electrones iban a su bola y pasaban de la física convencional y, por si fuera poco, además se descubrió que seguían otras fuerzas hasta entonces desconocidas (nuclear fuerte y nuclear débil). Cuando mejoraron los aparatejos microscópicos todavía se quedaron más alucinados cuando vieron que estas cosillas estaban formadas a su vez de unas partículas infinitamente más pequeñas a las que le dieron el nombre de quarks y que parecían comportarse de una forma totalmente caótica, para la que no tenían ninguna explicación.

Es aquí donde aparece la mecánica cuántica, la cual consigue dar respuesta a la naturaleza de esta realidad subatómica con increíble precisión. La realidad de la cuántica hoy en día es incuestionable y algo tan común en nuestros días, por suerte o por desgracia, como la energía nuclear da fe de esta naturaleza.

De todas formas, la cuántica en lugar de dar solución a los enigmas anteriores, dio paso a nuevos y aún más inquietantes interrogantes. El primero, y como es obvio, era dar una explicación al hecho de que si toda la materia del universo seguía unas determinadas leyes, cómo era posible que las partículas de la que esta materia estaba formada no las siguieran. Una incongruencia total. Cagada pasturets.

Después venía el tema de la cuántica en sí. Es decir, a pesar de que la precisión con que esta nueva ciencia describía el comportamiento de los quarks y átomos y toda la pesca, los resultados obtenidos parecían carecer de sentido alguno… Es decir, no había dios que apostara un duro por ellos.

El caso más conocido es el de la superposición de partículas, popularizado con el experimento de la doble ranura o el del gato de schrodinger. Esto es que un átomo puede estar en varios sitios a la vez, e incluso, llegar a no estar en un momento dado. En definitiva, algo inconcebible para nuestra capacidad racional…

Así pues, llegados a este punto, se concluyó de forma salomónica y se dio lugar a dos ciencias diferentes para explicar una misma realidad: la convencional trataría el macrocosmos y la cuántica el microcosmos.

Y aquí es donde aparece la teoría de cuerdas, también conocida por teoría del todo. La teoría de cuerdas, es un intento de unificar la cuántica con la física. La teoría de cuerdas, a nivel muy básico dice lo siguiente: dentro de los quarks hay algo todavía más pequeño que no es más que un hilo de energía (cuerda) y que se mueve de una determinada manera. La vibración de este movimiento energético es lo que da lugar a la materia.

Los detractores de esta teoría dicen que no debería pasar de una especulación filosófica pues se basa en una suposición o premisa que no ha podido demostrarse empíricamente. Es decir, nadie en el mundo ha visto estas cuerdecillas, ni nada que se le parezca. Se llega hasta el quark, pero a partir de aquí nanai de la china.

Los defensores por el contrario, argumentan que matemáticamente todo cuadra y queda demostrado según criterios estrictamente científicos.

Dejando un lado pros y contras, la teoría de las cuerdas abre nuevas puertas a nuestra concepción de la naturaleza. En primer lugar, para que la teoría de cuerdas pueda demostrarse matemáticamente no le son suficientes las cuatro dimensiones, sino que necesita llegar hasta once. Es decir, nos desplazamos por un espacio en el que no llegamos a detectar ni tan siquiera la mitad de dimensiones por las que nos movemos. Flipante.

Después está el fundamento de dicha teoría, la energía y la materia se confunden, o mejor dicho, la matería es la forma que toma la energía dependiendo de su vibración. Entre otras cosas, esto nos dice que la diferencia entre la vida y la muerte, por ejemplo entre una roca y una persona, no es tanta como nos creemos. De hecho, según la teoría de cuerdas, tampoco hay tanta diferencia entre algo o nada, entre una molécula de hidrógeno y un fotón de luz. Todo viene determinado por la vibración que emiten las cuerdas en el espacio.

Por si esto fuera poco, otra de las conclusiones que se extraen de la aplicación de esta teoría y haciendo el más difícil todavía de lo abstracto, es que debe aceptarse como real la existencia de infinidad de universos paralelos…

¿Pero por qué las cuerdas de mis átomos vibran como vibran y no de una otra manera? ¿Es posible modular esta vibración? ¿Hay alguna necesidad de que vibren? ¿Parará esta vibración alguna vez?…

Pero como dicen en las pelis, esto ya es otra historia…

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