El experimento del gato de Schrödinger o paradoja de Schrödinger es uno de los principales ejemplos que siempre salen a colación al hablar de la teoría cuántica y de las posibles repercusiones de ésta en nuestro mundo.

El Gato de Schrödinger

No soy, ni mucho menos un experto en física y, de hecho, mis conocimientos en el terreno científico en general son de lo más básico, pero, aún así, el tema de la física cuántica de un tiempo a esta parte me ha interesado bastante, quizá por lo revolucionario de la misma en nuestra forma de entender la realidad que nos envuelve y de la que formamos parte.

Quisiera de antemano señalar, para quienes no hayan oído nunca hablar de ella, que es una teoría aceptada científicamente y no un mero ejercicio especulativo. Ahora bien, también es cierto que no ha dejado de generar controversia desde prácticamente su aparición, pues aunque los resultados obtenidos a través del método cuántico son válidos y probados, las conclusiones parecen carecer de una explicación racional. Como se apunta en la wiki, el mismo Stephen Hawking llegó a afirmar que “cada vez que escuchaba hablar de ese gato, empezaba a sacar su pistola”.

De todas formas, como he dicho anteriormente, no tengo los conocimientos necesarios para explicar los fundamentos en los que se basa la cuántica (ni siquiera la física convencial), así que simplemente dedicaré este post a divagar sobre la paradoja que resulta del resultado de este experimento.

El Gato de Scrödinger:

(Aclaración: se trata de un experimento meramente teórico)

Colocamos un gatito en una caja cerrada y opaca (es decir, no transparente) . Dentro de la caja hay un frasquito que contiene un gas venenoso junto a un dispositivo que hace liberar el gas de este frasquito si se desintegra una partícula radiactiva, y cómo no, también hay dentro de la caja casualmente una partícula radiactiva que tiene un 50% de posibilidades de desintegrarse al cabo de un tiempo “X”.

Pues bien, si seguimos la mecánica convencional y el pensamiento racional, cuando pase este tiempo “X” habrá pasado una de las dos cosas: que se ha desintegrado la partícula, ésta ha accionado el dispositivo que libera el gas venenoso y que, por lo tanto, el gato haya perecido o bien, simplemente no haya pasado absolutamente nada y el gato este vivito y coleando.

Si esto acabara así, o bien la teoría cuántica es muy fácil de entender o bien este experimento no sería más que una cutrada y para bien poco serviría pero, como podemos imaginar, así no acaba la cosa.

Según la física/mecánica cuántica (principio de incertidumbre, discontinuidad, superposición, etc) mientras no abramos la caja, el gato estará en un estado de vivo y muerto al mismo tiempo. Es decir, transcurrido el tiempo “X” las 2 potencialidades de la partícula se habrán desarrollado completamente y así ambas repercusiones sobre el gato se habrán llevado a cabo. Sólo cuando abramos la caja, y a causa de la influencia directa del observador del experimento, el gato (o si se prefiere, la materia) será obligada a definirse por uno de estos dos estados: vivo ó muerto.

(Aquí podéis encontrar una explicación un poquito más técnica)

Una de las primeras conclusiones y (quizás la más tranquilizadora) que obtenemos al comparar los resultados según la mecánica clásica y la cuántica es que el resultado final es idéntico en ambos casos: veremos al gato al abrir la caja o bien vivo, o bien muerto.

Lo que cambia pues es el modo al que se llega a este resultado. Mientras que para que la mecánica convencional, al pasar el tiempo “X” el gato estará sólo vivo O estará sólo muerto, para la cuántica al pasar dicho período de tiempo, el gato estará vivo Y a su vez estará muerto.

Las dos principales repercusiones que se extraen de este ejemplo, según la cuántica, son las siguientes:

- La infinidad de universos paralelos, donde las probabilidades coexisten.
- La influencia directa y la fusión del observador en el entorno/realidad.

Las consecuencias e interpretaciones de estas dos repercusiones también son de múltiple interpretación, aunque quizá con este mero apunte, de momento, ya sea suficiente. Como vemos, el tema da para mucho… Pero por mi parte, lo dejaremos aquí.

Para finalizar, quisiera sólo señalar la infinidad de paralelismos que la novedosa teoría cuántica tiene con la milenaria sabiduría oriental, así como con muchos de los filósofos clásicos de Occidente… Quizá no se trate de una casualidad.

Como despedida, un video más o menos ilustrativo de todo este embrollo.

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