DiablilloUuuuuuuuhhhh!!!Qué miedoooooo!!!

Uuuuuuuuhhhh!!! Uuuuuuuuuuuuuuhhhh!!!!!

SUSTU!!!!!!

He aquí: La prueba diabólica. TATATACHÁN TACHÁN!!

Navegando por la red, un sinfín de enlaces casuales (o no tanto) me llevaron ayer por el más puro azar a dar con este concepto y desde entonces mi mente, que no es muy ágil pero sí muy constante, no ha cesado de dar vueltas y vueltas para intentar esclarecer las negreces  que ha dejado este pensamiento en el haber de mi entendimiento.

La prueba diabólica es un método bastante controvertido mediante el cual se  exige probar la no existencia de algo o alguien. Se ve que se llama así porque fue un recurso muy utilizado por los tribunales de la época inquisitorial para llevar a la hoguera a los presuntos delincuentes obligándoles a probar su inocencia, o mejor dicho, su “no-culpabilidad”. Hablando alto y claro como hace la inquietante Curri Valenzuela: Es lo contrario a la “presunción de inocencia”.

Dichas “autoridades competentes”, en el caso de que los imputados decidieran estar más guapos con la boca cerrada a pesar de los recursos que por entonces se empleaban (sacadas del manual “mil y una formas de torturas”) decicían que el diablo se había apoderado de ellos y que su culpabilidad estaba más clara que el agua. Así, by the face.

Y de aquí el nombre. Mira tú que bonito!

Mucho se ha evolucionado desde entonces (se supone) y en la actualidad, esto va contra las leyes fundamentales de “El Derecho”, aunque en más de un caso esto se pasa por el forro. Lo digo sobretodo por los juicios paralelos que tan de moda están en la actualidad en los medios de comunicación. A pesar de que este tema podría originar un bonito debate, que no descarto para un futuro, no es este el motivo del post que llevo un ratillo escribiendo y que veo que se empieza alargar de forma alarmante sin que me vea capaz de pararlo…

DE LO QUE QUIERO HABLAR EN REALIDAD es de  la significación y de la fuerza “memética” de “la prueba diabólica” en sí. Ya que en el ámbito estricto de  el derecho está claro que la “presunción de inocencia” es un pilar básico de un estado mínimamente decente, hoy en día, se utiliza este concepto además como una argucia intelectual para demostrar cosas que supuestamente no tienen demostración, como por ejemplo la demostración de la existencia del fenómeno OVNI, pues no es posible demostrar que no exista. Es la máxima, “si no se puede demostar que no, pues es que sí”.

Dicen los entendidos que es mucho más fácil probar la existencia de algo que la no existencia de eso mismo, y aunque parezca muy lógico, yo no lo acabo de ver del todo claro… Porque vamos a ver, quizá sea fácil demostrar que yo soy un ser humano pero, ¿es más difícil demostrar que yo no soy una mosca? Que alguien me lo explique por dios!!

Y otra cosa, porque claro, quizá ahora sea muy fácil y demostrable decir que la Tierra gira alrededor del sol y que decir lo contrario no tiene peso pues todas las pruebas apuntan a ello, pero hace 1000 años esto era una verdad como un templo de gorda!!! Y si no que se lo digan a Galileo!!

Si yo digo que he visto un elefante coger el autobús esta mañana, ¿quién me puede a mí demostrar la no existencia de esta visión? ¿Y si lo he visto, qué? ¿eh? ¿eh?

¿Y esto es más difícil que demostrar que no lo he visto? Rarro, rarro…

¿Realmente es más fácil demostrar lo que es que lo que no es? ¿Y que es lo que es?

Pero la pregunta que realmente me inquieta es la siguiente: ¿Lo que no es, es o no es?

En fin, al final de nuevo tenemos que recorrer una vez más a los clásicos y darnos de bruces parar reconocer una vez más la eterna pregunta:

“To be or not to be?. That is the question” (Hamlet)

“Two beer or not two beer”. That is the question” (H. Simpson

Últimas entradas de esplu