lavidadelosotros2.jpgEsta es una de las últimas películas que he visto y me han dejado con buen sabor de boca. No me ha hecho pensar que los desorbitados precios del cine no se justifican y eso porque el último trabajo del escritor y director Florian Henckel-Donnersmarck (a ver quien es el chulo que lo pronuncia bien) hace que los casi 7 euros que te gastas en la entrada valgan la pena.

Con este trabajo Donnersmarck nos cuenta la historia del capitán Gerd Wiesler (Ulrich Muhe), un oficial excepcionalmente competente de la Stasi, la policía secreta de la antigua República Democrática Alemana, a quien se le encarga la tarea, nada rara en aquella época y aquel régimen, de espiar a la pareja formada por un famoso escritor Georg Dreyman (Sebastian Koch) y a la prestigiosa actriz Christa-Maria Sieland (Martina Gedenk). Para esto ha de instalar micrófonos y cámaras de vigilancia por todo el piso, y vigilarlos durante las 24 horas del día, presentando informes de su vida diaria para intentar descubrir posibles conspiraciones o ataques al régimen político.

A mí me pareció una gran película, muy coherente, nada pretenciosa que aunque un poco larga y pesada logra mantener tu atención desde el primer hasta el último minuto. Me gustó el ambiente que recrea el director pues te sumerge en aquella época de represión y agonía social y te hace sentir la impotencia de la sociedad desesperada por el cambio y por la inexistente libertad de acción y expresión.

Al personaje principal, Wiesler, nos lo presenta como un hombre gris, vacío y solitario, extremadamente eficiente en su trabajo. Metódico y calculador esta acostumbrado a seguir las reglas impuestas, conseguir bajo cualquier condición aquello que le solicitan y jamás cuestionar la autoridad de sus superiores. Pero en esta ‘misión’ el oficial inconscientemente se adentrará en la vida de la pareja, implicandose emocional y empáticamente con cada uno de ellos jugando un papel importante en sus vidas.

A mí este personaje me pareció el más interesante de todos, puesto que vemos en él una evolución, un cambio de prioridades que le desconciertan hasta a el mísmo, llevandolo a abandonar la disciplina a la que tan acostumbrado esta, replantearse sus convicciones y cambiar sus fidelidades. Al hacerlo pasa de ser un mero agente policial a convertirse y sentir como un ser humano. Esta transformación metafórica de ‘máquina a hombre’ a través de Wiesler es emotiva y sorprendente, puesto que no es el fin último de la película. Esto hace que a mis ojos sea sino una obra de arte, una interesante manera de ver una cosa tan común como son las maquinaciones de un régimen represivo en algo más intenso y profundo, como son las motivaciones de un hombre que ya no cree en nada, pero es capaz de arriesgarse por otros.

Sinceramente una gran película que lo último que puede hacer, es dejarte indiferente.

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